aquí algo se incendia siempre
Marta Comelli - Fuego
“Allí también canta el
miedo…”
Paulina Vinderman
Bajo luces de un mismo oscuro cielo es difícil distinguir
bordes.
¿Y si caemos?
El miedo está allí, disciplinado, lívido como un cuerpo
muerto

en una helada irrefrenable.
Esta en los límites de la cordura, la cornisa del deseo que
no
queremos detener.
Allí también canta el miedo canciones inventadas, sólo para
dos.
Las cantamos.
Y sonaban en el estómago,
en los brazos cerrojados.
Incendiados - Marco
Marino
¡Despierta!
el grito altera la calma
del último invierno
que fuerza un atardecer
en monocromo.
Todo un frente de luz
de antorchas que avanzan
como ha sido marcado
en los genes de la retina.
Una masa incandescente
devorándolo todo
se expande como el viento
hacia lo más profundo.
El indio lucha
enfrenta al calor contra su instinto
mastica las cenizas
y la derrota lenta.
El bosque
aprecia inmóvil la conquista
mientras arde todo su cuerpo.
El hombre domina a sus enemigos
haciendo armas de sus peores temores.
El fuego ha invadido las aldeas
civilizándonos inacabadamente.
Pero la cicatriz
adentro, es más honda
los restos permanecen indemnes
como una multitud que cayó.
El indio ha quedado
con el humo para siempre.
Sin Lenguaje – Marcela Rosales
Escóndeme antes de que mire el mundo
LAS
que hay mil muertes en la sombra de un árbol
y mil sombras en la tierra quemada.
escóndeme
antes de que el mundo comience a mirarme
el miedo molle, la estampida álamo
la asfixia algarrobo, el crepitar sauce
escóndeme
antes que el viento hable y el cielo calle
que lo salvaje no
tiene palabras
escóndeme
antes de la noche que arde en mi garganta
que toda la fauna acorralada ruge
y de mi boca no saldrá la oveja del agua.
Juguetes para grandes – Ailén Orellano
A la plaza de los niños
Daniel ya no va a jugar.
Es su escuela,
su odio.
Lleva en su bolso un par de estampitas,
su casa no tiene cama,
no tiene otros.
Hoy le toca abrir las puertas.
Él se acerca, vos te alejás.
La niña de los desesperados
que no se detienen a mirar.
Cuatro días que no come,
ni su papá lo viene a buscar.
Se le incendian los ojos de agua,
“mi papá se droga y nos pega”
Y en la mugre, sin ventanas,
se escabulle.
Trenzadas las miradas como lianas – Alejandro Willington
rajadas de un aire de promesa
de creencia
en un lecho distinto
que la furiosa inclemencia de una boca
con un sudor
de amor nada apacible
nada
en trastos que inundan de palabras
arrestadas remotamente.
Trenzamos miradas como lianas,
como nadas burbujeando
en mi pecera del tiempo
y su corriente rancia
y en la tuya
trenzada
con su liana de fuego
que llega,
que llama.
Diálogo sobre la naturaleza – Alicia Álvarez
Había un campo en que
yacía el arado
y el arado era un
pájaro caído.
Tomas Tranströmer
El algarrobo de esa mi alpina villa
llora en seco
llora escarlata carbón
sin salitre llora
-desde se-
por otro
-quemado a negrido humeante-
masa brava lava brava
más de cien mil hectáreas
Llrga lengua muchas leguas
de su hogar
crin de verdes vientos favorables
al trote, gozne
de campos nobles
nobles robles
algarrobo algarrobal.
Incendiada – Victor García
Déjala que viva.
Sálvala como si fuera la reliquia del naufragio.
Navegará sola, a veces cantará alegrías
o revivirá al oscuro deseo de perderse.
A veces asaltará todas tus creencias
y encenderá la primera chispa.
A veces derramará al revés
el grito que busque la mano, el alivio.
Sangre incendiada que corre y busca
un corazón, demonio o dios.
Un indefenso corazón sobre la piedra
que inmutable te tome por asalto
y no te deje nada de nada
y olvides todo lo que pensaste
Antes de que llegue
la inundación.